Destrucción del Retiro

Plano del Retiro destruído durante la Guerra de la Independencia

El 23 de marzo de 1808, dos mil soldados del ejército francés entran en Madrid y se instalan en el Retiro. Lo que en principio iba a ser una estancia provisional de las tropas en su camino a Portugal, acabó convirtiéndose en una invasión en toda regla.

El 2 de mayo los madrileños inician una revuelta popular contra el ejército napoleónico. Comienza la Guerra de la Independencia. Con la situación controlada por los invasores, llega a España José Bonaparte para hacerse cargo del trono. Pero la resistencia es fuerte. Tras la derrota de Bailén, las tropas francesas abandonan Madrid, momento que es aprovechado por los madrileños para ocupar el Retiro. Napoleón en  persona  ha  de  llegar  hasta  las  puertas  del  real  sitio  para  doblegar la resistencia. Después de instalarse en Chamartín, envía sus tropas contra el Retiro y logra recuperar la ciudad. Con la vuelta de José I se destina definitivamente el Retiro a cuartel general de las tropas invasoras.



Los edificios del palacio y del monasterio de San Jerónimo se utilizaron como cuarteles, cuadras y almacenes. En torno a la antigua Fábrica de Porcelanas se dispusieron varios cinturones de fortificaciones en forma de estrella. Los árboles de los jardines fueron talados para procurar leña y madera para las defensas, así como para controlar Madrid por medio de la artillería.

La fortaleza servirá de refugio al ejército napoleónico hasta la pérdida de Madrid en 1812. En aquel año, el ejército aliado británico, al mando de quien sería el primer duque de Wellington, ordena  la  destrucción  de  los  edificios  del  Retiro para impedir que el ejército francés se sirva de ellos en caso de contraataque. Habría que esperar aún dos años para el fin definitivo de la guerra.

Tras la marcha de las tropas francesas, el Retiro quedó en tal estado de ruina, que una guía de 1815 habla del Real Sitio como de un mero recuerdo histórico. El palacio había sido prácticamente destruido por los cañonazos y el jardín había quedado convertido en una explanada desértica sin apenas árboles.

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