Restauración del Retiro

En 1814, concluida ya la Guerra de la Independencia, regresa del exilio  Fernando  VII, quien   se   encuentra  el  palacio  destruido   y  los   jardines  arruinados.   Ante     esta perspectiva, Fernando VII abre parcialmente al público los jardines, que comienzan su lenta recuperación, mientras retiene para su uso exclusivo la esquina nordeste del Retiro, que se ha salvado de la destrucción.

En esta parte del jardín, que llevará el nombre de “El Reservado”, el monarca acometió una importante labor constructiva  y  de  reforma   de las  zonas  verdes.  Los nuevos jardines se realizaron siguiendo la estética paisajista nacida en Inglaterra que causaba furor en Europa.

Además de los nuevos ajardinamientos, el rey encargó a Isidro González Velázquez la construcción de algunas pequeñas edificaciones de carácter recreativo, a las que se denominaba en la época “caprichos”. Se trataba de edificios que servían para el divertimento de los reyes, en los que se aprecia el gusto romántico por lo exótico y por lo popular. La Casita del Pescador, la Casa de Vacas, la Montaña Artificial, la Casa del Contrabandista y la Casa de Fieras, que aún se conservan, aunque muy transformadas en algunos casos, así como la Casa Persa y la Casa del Pobre, hoy desaparecidas, son construcciones de este tipo. 

Capricho romántico de La Casita del Pescador


Además de estas nuevas obras, se reformó el entorno del Estanque Grande, disponiéndose junto a él un embarcadero luego destruido para construir en su emplazamiento el monumento a Alfonso XII, nuevas norias y una gran fuente rematada por una estatua del dios Osiris, a la que se denominó Fuente Egipcia.

Isabel II prosiguió los trabajos de reforma iniciados por su padre. Reconstruyó el Parterre y ajardinó la zona situada al sur del viejo jardín encargado por Felipe V, así como otras partes del Real Sitio, aunque lo más destacable de su reinado con respecto al Retiro fue la enajenación de una buena parte de su superficie. En 1865 la reina vendió los terrenos donde se había asentado el antiguo palacio, entre el Paseo del  Prado  y  la  actual  calle  de  Alfonso XII, donde   se  irían  construyendo  notables edificios públicos y de viviendas hasta conformar el aristocrático barrio de los Jerónimos.


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