Transformación del Retiro en Parque Público

Palacio de Cristal. Realizado por Ricardo Velázquez Bosco en 1887  para la exposición de Filipinas.










El Gobierno Provisional dirigido por el general Serrano, salido de la revolución de 1868, incautó las posesiones de la Corona. El Real Sitio del Buen Retiro pasó entonces a ser propiedad del Ayuntamiento de Madrid y se transformó en un parque público.

La conversión del Retiro en “Parque de Madrid” influyó decididamente en la fisonomía del jardín, que hubo de adecuarse a las nuevas exigencias de uso público. El Retiro de finales del siglo XIX está en constante transformación, pero en él está la consolidación del parque que hoy conocemos. Los caprichos de Fernando VII se convirtieron en atracciones infantiles y cafés; en 1874 se abre un paseo para carruajes, donde los aristócratas lucían sus coches de caballos y se adorna 1885 con una de las más bellas y populares obras escultóricas de Madrid, el Ángel Caído, de Ricardo Bellver; se construyen estanques y rías para patinar; y se colocan en dos esquinas del estanque las fuentes de la Alcachofa y los Galápagos; la antigua Casa de Fieras se habilita como zoológico permanente; se ajardina el Campo Grande al estilo paisajista; se cierra el parque con puertas monumentales y una verja de hierro sobre un murete de piedra y ladrillo…


Ángel caído. Realizado por Ricardo Bellver en 1877.


Las exposiciones industriales, nacionales e internacionales, muy de moda desde la Exposición Universal de Londres de 1851, encuentran en el Retiro un entorno perfecto para su celebración. Para la Exposición Nacional de Minería, Artes Metalúrgicas, Cerámica y Cristalería, acontecida en el año 1883, el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco levanta un edificio en la más pura línea del eclecticismo histórico que se erigía en el estilo dominante del Madrid del siglo XIX. Además de este edificio, conocido hoy como Palacio de Velázquez, se construye para la Exposición de Filipinas de 1887 el famoso Palacio de Cristal, un invernadero de hierro y vidrio, modernísimo para su tiempo, destinado a albergar las plantas tropicales de la colonia española que se independizaría en 1898.   



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